Escudo


(Descripción elaborada por: Pbro. Jorge Alberto Berganza Rivera; tomado del folleto para la Ordenación Episcopal, Diócesis de Limón)

Continuando con la tradición heráldica episcopal en la Iglesia, Monseñor Javier Román Arias ha querido expresar, mediante su escudo, diversos elementos que se tornan significativos en la vivencia de su Ministerio Episcopal.

El marco exterior está formado por el capelo de sinople (verde), que es un sombrero encarnado, con dos hileras de flecos o tenantes que penden a ambos lados, con un cordel de seis borlas cada una, también de sinople (verde), puestas en tres órdenes (1,2, y 3).

La forma del escudo con borde inferior redondeado, corresponde a los modelos encontrados en España y Portugal. En su distribución interna destaca un único cuartel visible de fondo blanco que se ubica en la parte superior izquierda, y que contiene un corazón flameante con una cruz y una corona de espinas, la cual se haya dividida por dos líneas negras que se juntan con el vértice superior izquierdo de una cruz de caña que resalta en el centro del escudo. En el espacio superior derecho del escudo se aprecia la letra mayúscula M y, sobre ésta, la cruz: ambas de fondo blanco, encerradas por doce estrellas blancas, cada una de cinco aristas. En el espacio inferior derecho se localiza una bella flor de café, distinguida por su color blanco.

El esmalte del escudo en el cuartel superior izquierdo es de color blanco y en el espacio restante refleja un color celeste.

Entre el capelo de sinople y el escudo, encontramos, en el centro, al fondo y erguida la cruz trebolada de color dorado, junto a esta, las insignias episcopales: la mitra y el báculo. La mitra, de forma cónica, de la que cuelgan dos tiras en la parte de atrás, será utilizada para bendecir: Dios bendice y santifica mediante el ministerio confiado al Obispo. El báculo, símbolo del oficio de Buen Pastor, que acompaña con celo al rebaño que le ha sido confiado por el Espíritu Santo, en la Diócesis de Limón.

Bajo el escudo, a modo de emblema, una cita del Salmo 39, que ha sido el lema de su ministerio presbiteral a lo largo de 27 años, y que ahora reafirma al ser designado Obispo.

Signos particulares:

El símbolo del Sagrado Corazón de Jesús: A monseñor Javier le ha acompañado este símbolo desde su nacimiento al ser hijo de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús en Tacares de Grecia; también representa el amor excelso de Dios y de la Iglesia particular a la que ha sido destinado como pastor propio.

El fuego que brota del corazón evoca el amor ardiente de Jesucristo por nosotros, dando su vida en totalidad en la cruz, mostrando la radicalidad y disposición de Monseñor enunciada en su lema, que consiste en entregar su vida a la manera del Buen Pastor por las comunidades limonenses encomendadas a su cuidado paternal, y que han peregrinado en su historia en la fe, bajo la protección de su Titular: el “Sagrado Corazón de Jesús”.

Signos marianos: La M coronada por la cruz, manifiesta la unión de María al misterio de la Pasión, y como ella entra en ese misterio de amor y redención. La Virgen María no es solo objeto de veneración de fe, sino la mediación maternal que posibilita el encuentro y el acercamiento a su hijo, experiencia vivida por Monseñor Javier desde el inicio de su proceso vocacional al ingresar en la comunidad de los padres salesianos. Las 12 estrellas forma parte de la “gran señal” (cf. Ap 12, 1s) que constituye un don de Dios dado a su Iglesia. El color celeste presente en el escudo refleja el manto de María, que en su advocación de Auxilio de los Cristianos, ha acompañado al nuevo obispo en su vida de manera especial y que expresa su entrega y servicio; también hace referencia al litoral marítimo caribeño que demarca la extensa porción del pueblo de Dios de la que Monseñor Román es cabeza visible.

Cruz de caña: La senda de la perfección pasa por la cruz. Este camino ha estado presente en la vida de Monseñor Román desde sus orígenes humildes, ya que sus padres, capesionos de Grecia, testimoniaron el valor del trabajo y el esfuerzo dentro de los cañales de la región, en los que él pasó largas horas ayudándoles y haciendo suyo los valores que durante su ministerio presbiteral lo han caracterizado.

Flor de café: La familia de Monseñor Román emigra en busca de trabajo y superación, de Grecia de Alajuela a Heredia, donde tiene la oportunidad de laborar en la recolección del grano de café, uniendo al esfuerzo físico, el crecimiento en el amor fraterno, la solidaridad y las actitudes propias de un entorno familiar caracterizado por los valores del Evangelio, y en los que se pone de relieve la gratuidad de Dios, que en medio de esos cafetales, al cumplir doce años de edad, lleva al futuro Obispo a comunicar a su madre el deseo de ser sacerdote dentro de la familia salesiana, aunque sería una opción que más tarde realizaría en el seno del clero diocesano, en el que es ordenado presbítero para la Arquidiócesis de San José. Es en el presbiterio de San José, en el que Monseñor ha cultivado los valores de la generosidad, bondad y misericordia en el servicio a tantos que andan en busca de Dios. El signo, vinculado a las labores agrícolas, simboliza la misión del pastor. (cf. Mt 13, 1ss) que quiere bajo la acción de la gracia del Espíritu Santo ser “sembrador” en la diócesis de Limón de cercanía, amor, unidad, fraternidad, solidaridad, esperanza, diálogo en una tierra bendecida por su inmensa riqueza humana, poniendo en evidencia la novedad de Jesucristo en la que “Dios no se cansa de sorprendernos”